RUTA 2 - Rivera de Acebo
Acebo, Hoyos, Perales del Puerto y Moraleja.

 

En esta ruta realizamos un recorrido por las poblaciones que discurren por la Rivera de Acebo y da nombre al valle: Acebo, Hoyos, Perales del Puerto y Moraleja.

Comenzamos por Acebo, a los pies del monte Jálama (1492 m.), emplazada en una profunda depresión, se encuentra rodeada de montañas, excepto por su lado Sur.

Es conocida por sus singulares espacios naturales, como el paraje de la Cervigona, donde se forma un espectacular salto natural o cascada con una caída de más de 50 metros; y por sus bordados artesanales: los encajes de bolillos.         

Acebo presenta una interesante arquitectura popular de entramado y adobe, mampostería y barro, alzadas en 3 pisos: la planta baja destinada al pajar, cuadra y bodega; la intermedia a vivienda y la última, el sobrao-solana, reservada a secadero y almacén. Y también otras viviendas de estilo más noble en las que resaltan sus ventanas góticas-renacentistas geminadas, sus portadas de medio punto o adintelados y sus escudos nobiliarios.

Pero sin duda el edificio más sobresaliente de la arquitectura acebana es la parroquia de Ntra. Sra. De los Ángeles, construida a partir de sillería labrada, puerta rectangular alargada y altísimos muros. Está acompañada de una torre y una sacristía realizadas también con los mismos materiales.

Las obras del templo comenzaron hacia el año 1508 sobre uno primitivo y finalizaron en el año 1601, produciéndose así varia etapas constructivas. Intervinieron en tal encomienda  arquitectos como Antonio de la Puente, Diego de Barreda, Juan de Alviz y Pedro de Ybarra.

Esta iglesia representa uno de los monumentos de la arquitectura gótico-renacentista más importantes de la provincia cacereña y de Extremadura.

Su retablo mayor es una verdadera obra de arte clasicista, creada por Alonso de Balbás (s. XVII).

Las esculturas y relieves (s. XVII) se deben al placentino Pedro de Sobremonte y las pinturas pertenecen a Paulo Lázaro (s. XVII). Otros interesantes retablos decoran los muros del templo.

Como ermitas no hay que olvidar la del Cristo, que guarda la talla del Nazareno, una Virgen Dolorosa y un Crucificado.

Proseguimos nuestro viaje hasta llegar a Hoyos, protegida por la Sierra de Sta. Olalla por el suroeste y las estribaciones del Jálama y situada a los pies del Moncalvo. Esta localidad fue residencia estival de nobles y obispos caurienses, lo explica el aire aristocrático de algunos edificios.

Encanto tienen sus calles como la de Obispo Álvarez de Castro, la de San Lino, Portugal, la antigua Calle Real...en las que podemos descubrir casas de arquitectura popular, nobles mansiones, ventanas gótico-renacentistas geminadas, blasones, fachadas de sillería, portadas de medio punto, casas como la del Deán o la de las Conchas, fuentes como la del Hondón del Lugar o la Plaza de la dos Fuentes......en definitiva, un conjunto de elementos que hacen que Hoyos pertenezca a uno de los pueblos declarados como Conjunto de Interés Histórico Artístico.

El paso de nobles y obispos por Hoyos, revelan la importancia de la arquitectura religiosa: aún perduran las ruinas del convento franciscano del Espíritu Santo del siglo XVI, fundado por Pablo Pérez quien hizo fortuna acompañando a los hermanos Pizarro en la conquista del Perú y recibió privilegio de nobleza de Felipe II y del cual todavía permanece en una de las fachadas laterales del templo monástico su escudo.

Pero, sin embargo, lo más representativo de Hoyos es la iglesia del Buen Varón, ubicada dentro del entorno histórico-artístico. Posee tres portadas, la principal que abre a la Plaza Mayor data de la primera mitad del siglo XIII y es uno de las pocas muestras de estilo tardorrománico que se localizan en Extremadura; sobre dicha fachada el arco de medio punto está decorado con ornamentos vegetales e imágenes que aluden a la Virgen del Buen Varón.

Junto al templo se encuentra la airosa torre, que en tiempos pasados, concretamente en el siglo XVII, estuvo revestida de azulejos talaveranos y a la que se accede por una escalera de caracol de 102  peldaños.

Su historia constructiva es un tanto compleja: el templo primitivo fue construido en el siglo XIII por un legendario personaje. A partir del siglo XV se inicia un nuevo templo y por tanto varias fases en su construcción.

Decir, que una vez más el maestro Pedro de Ybarra intervino en el proyecto de las obras y también otros maestros como Juan Bravo,, Fernando Corrales o Esteban Martín.

En el interior destaca el barroco retablo mayor, trabajo perteneciente al círculo de los Churrigueras, con la imagen , además de otras tallas, de Nuestra Sra. Del Buen Varón presidiendo el altar en una hornacina.

También hay otros retablos menores como los que hay a los lado de los muros de la parroquia y que acogen a los patronos del pueblo: San Lino y San Lorenzo.

Como ermitas destacar la del Cristo Bendito, edificio de sillería que posee una talla del Cristo crucificado.

Dejamos a un lado Hoyos y continuamos hasta Perales del Puerto, pueblo situado al sur de Sierra de Gata entre llanuras y montañas, y por el que atravesó (y aún permanece vestigios) una calzada o camino real. Esta vía enlazaba Alconétar con la antigua Miróbriga (Ciudad Rodrigo).

Su trazado urbano es muy elemental pero aún podemos encontrar en él, el estilo de casa típica gateña: en  calles como la Cañada, Derecha, de Atrás….También nos detendremos para conocer la iglesia parroquial de Ntra. Sra. De la Asunción, con planta rectangular alargada, presenta dos laudes funerarios en los muros del exterior de difícil traducción por el desgaste de la piedra.

La fachada clasicista de los pies resulta de gran interés por su antigüedad y ornamentación labrada en sillería.

En la esquina noroccidental del templo, se halla la Torre y la sacristía a la que se accede por el lado del presbiterio. Torre y sacristía corresponden al siglo XVI.

El interior fue alterado desde hace unos años, como la cubierta de madera que fue sustituida por bovedilla y viguetas.

Los arcos, pilares, fachada, torre y sacristía son los elementos más primitivos que se conservan en la iglesia datados de los siglos XV y XVI. Seguramente en las obras de reforma realizadas en la época renacentista intervino el arquitecto Pedro de Ybarra.

El templo soportó dos incendios, uno el de las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia y otro hacia el año 1960, causante de la reforma posterior de la iglesia.

Destacan las efigies del Crucificado (s. XVII) en la capilla mayor y la de candelero perteneciente a la Virgen de la Peña (s. XVII), patrona de Perales y cuya ermita se encuentra en ruinas.

También sobresalen la pila bautismal (s. XVIII) y la del agua bendita (s. XVI).

Moraleja es la última población de nuestra ruta por este valle, limitada por la Sierra de Gata por el norte y tierras del Alagón por el sur, su penillanura y la proximidad del pantano de Borbollón, le han propiciado poseer tierras de regadío, al igual que las localidades vecinas de Vegaviana (entidad menor) y Moheda de Gata (pedanía de Gata).

Siendo el municipio de mayor población de la comarca, Moraleja es centro de gestiones comerciales, administrativas, económicas e industriales.

Como ejemplo de edificación señorial mencionar la Casa de la Encomienda, que fue durante el año 1566 sede de la Orden de Alcántara. El rey Felipe V se alojó aquí cuando visitó la localidad durante la guerra con Portugal.

El Rollo o Picota (s. XV) testimonia la potestad de administrar justicia que poseía Moraleja, se encuentra a las afueras del pueblo, típico de la época medieval, y conserva un escudo correspondiente a la etapa de reinado de los Reyes Católicos.

La iglesia parroquial de Ntra. Sra. De La Piedad fue construida a mediados del siglo XVI. Cobija una escultura de la Virgen de los Desamparados resguardando con su manto a varios fieles.

La torre, realizada a base de sillería se edificó en dos etapas: una a comienzos del siglo XVI en la que se trabajaría el primer cuerpo y los otros dos cuerpos restantes en la que participaron los canteros Martín Navarro, Jorge de Ganzo, Juan de Guernica, Antonio Hernández y Martín de Perea, posiblemente dirigidos bajo las órdenes del arquitecto Pedro de Ybarra.

Sobresale la efigie que escenifica el Descendimiento de Cristo creada por Paulo Lázaro en 1641.

Dentro del casco urbano se sitúa la ermita de Las Angustias, se trata de una construcción de finales del siglo XVIII, levantada por el antiguo edificio del Humilladero.

A las a fueras del pueblo está la ermita de la Virgen de la Vega, patrona del pueblo, entre una dehesa y ganadería brava, guarda la imagen de la Virgen con el Niño, de candelero, perteneciente al siglo XVIII.