CLIMA

El clima cobra gran importancia como factor condicionante de la configuración del paisaje y su incidencia sobre el hombre, tanto en la distribución de la población como en el desarrollo de sus actividades.

El clima ha de ser considerado como un complejo sistema de interrelaciones entre variables y procesos, resusltando un sistema dinámico y abierto alimentado por la enerigía procedente del sol y contituido por cinco elementos relacionados e inerdependientes. Estos son: la atmósfera, los océanos, la criosfera, la superficie terrestre y la biosfera.

Estos elementos son los componentes que lo definen, y son las variables a través de las cuales se manifiesta la influencia del clima sobre los demás elementos del medio natural.

Los rasgos más destacados de estas variables los podemos resumir en la variabilidad espacial, la variabilidad temporal y la manifestación de forma conjunta e interrelacionada.

Existen gran número de clasificaciones de escalas climáticas y la nomenclatura varía de unos autores a otros pero, sin embargo, los criterios de delimitación son similares, con la extensión superficial como criterio fundamental.
Los diferentes climas pueden encuadrarse, siguiendo a Arlery (1973) en:

  • Climas zonales o macroclimas: (>2000 Km) se basan en el hecho de que la distribución de la precipitación, temperatura, humedad relativa, viento, insolación y nubosidad se realiza en función de la latitud, la naturaleza de la superficie subyacente y la circulación general de la atmósfera.
  • Climas regionales o mesoclimas: (200-2000 Km) se incluyen dentro de las grandes zonas climáticas en las que la orografía y las variaciones de los límites frontológicos, determinan una compartimentación en zonas con diferencias significativas.
  • Climas locales: constituyen un complejo y variado conjunto de áreas más pequeñas que presentan unos rasgos similares y dependientes de los climas regionales.
  • Los microclimas: corresponden a espacios más reducidos y cuyos rasgos están dterminados por los factores del entorno próximo al suelo ( material geológico).

Esta comarca la podemos encuadrar según la metodología que pone en relación temperatura media y precipitaciones en:

  • Factor de pluviosidad de Lang (1915): zona húmeda de estepa y sabana (40>IL<60)
  • Índice de aridez de Martonne (1923): zona subhúmeda (30>Im<40)
  • Índice termopluviométrico de Dantín-Revenga(1940): zona húmeda (0>Idr<2)
  • Climas de Köppen: clima húmedo cálido y templado (Cs) con verano seco.
  • Clasificación bioclimática UNESCO-FAO: la encuadra en el grupo 1 dentro del clima templado con inviernos moderados y sequía estival.
  • Clasificación agroclimática de Papadakis: la encuadra en el tipo de invierno avena cálido y verano triticum, menos cálido y con un régimen térmico que se corresponde con el patagoniano.

De manera general, la Comarca de Sierra de Gata la encuadramos en la zona de clima templado contrastado de transición (tercer cinturón desde el ecuador), típico de la región mediterránea (40º de latitud N), con lluvias invernales, sin estación fría pero con heladas ocasionales y una larga sequía estival.

Existen una gran variedad de climas locales y mocroclimas en base a la altitud; la exposiciñon a los vientos y la insolación; la influencia de las precipitaciones; el sustrato rocoso y la vegetación existente.

La temperatura media anual se aproxima a los 15ºC en el llano y 13ºC en la serra, con ciertos matices continentalizados ( amplitud térmica media anual que sobrepasa los 17ºC) que originan el descenso de las temperaturas absolutas por debajo de los 0ºC en invierno, y la elevación por encima de los 40ºC en verano.

La abundantes precipitaciones que se recogen en la comarca serragatina se deben en gran parte a la influencia atlántica y a la orientación de los sitemas montañosos, sirviendo de pantalla ante los vientos húmedos del Oeste que llegan cargados de humedad.

Las lluvias (superan considerablemente el índice medio de la región extremeña) sobrepasan los 1000 mm anuales, aumentando con la altura.

Están repartidas de maera desigual e irregular, afectando a la distribución estacional y a la intensidad diaria, con la existencia de dos estaciones principales: una estación seca (el verano siendo agosto el mes menos pluvioso) y otra húmeda (de otoño a primavera, siendo los meses de octubre, noviembre, diciembre, enero y febrero los que sobrepasan la media de 100 mm de precipitación).
Es por tanto un régimen dominante otoño-invernal.

Pero no todos los días del año llueve, sino que las precipitaciones se presentan en 76 días (un 20% de la anualidad), recogidas en forma de tormentas otoñales, "chirimiris" invernales y a través del copioso rocío en primavera.

La exposición a la insolación o las horas de luz anuales disminuyen de Oeste a Este y de Norte a Sur, con un índice anual que oscila ente las 2600 y 2200 horas.

La ETP se aproxima a una pirámide de valores muy bajos en invierno y cúspide troncada en julio-agosto.

El período invernal se pasa con exceso de agua y el período veraniego se presenta con déficit acusado y aridez.

Este clima en teoría supone un freno para el desarrollo agrícola. El año agrológico comienza en octubre, y se ve interrumpido por las heladas cuando las precipitaciones son más abundantes.

Sólo a partir de Febrero-Marzo se reanuda el ciclo, lo que determina la extensión y características de los cultivos, con un aprovechamiento radicional de pastizal de invierno y cereales.